La vida de Julián comienza en un castillo apacible y próspero. Desde su nacimiento sus padres tienen, por separado, dos encuentros con extraños personajes que les profetizan grandes glorias para su hijo. Sin embargo, ambas profecías son inquietantes y ambiguas. Julián crece bajo la tutela de esmerados cuidados, y tiene una gran disposición para los asuntos de las armas y de la devoción.
Un día, a los siete años, conoce el odio y comete un pequeño crimen, al que se siguen otros, estableciendo una conexión entre muerte y placer. Su padre le inicia en las artes de la cacería donde pronto desarrolla un carácter osado y extrañamente ávido. Abandona todos los demás estudios y se entrega de lleno a la caza. Un día, su sed de cobrar piezas, le lleva a una experiencia límite, y al rebasar dicho límite cae sobre él una maldición: matará a su propio padre y a su madre. La maldición es una sombra que va creciendo en el interior de Julián. Para escapar de ella huye del castillo de sus padres y del destino que le corresponde por herencia.
Fiel a su naturaleza guerrera, su vida pasa a ser la de un rey sin tierra, creando un ejército de mercenarios. Participa en numerosas aventuras y su valor en la acción hace pensar que está buscando la muerte. El rescate de un rey le lleva a casarse con una muchacha con la que conoce la dulzura del amor y se apacigua en él, aparentemente, su índole indómita. Pero los sueños se vengan mandándole imágenes que excitan su pulsión de matar animales. Una noche cede a ese impulso y persigue a un zorro que merodea por la ventana de su castillo. Poco a poco se interna en el bosque, que se va transformando en un espacio mágico y pavoroso. Es una trampa donde los animales se burlan de él y donde todos sus intentos de dar muerte se ven fallidos. Lleno de rabia vuelve a su palacio. Allí, en la oscuridad de su alcoba, cree que su esposa ha cometido traición acostándose con otro hombre y mata a puñaladas los dos cuerpos durmientes. Al punto entra su esposa y se revela la verdad: los dos cuerpos son los de sus padres que han vagado por el mundo buscándolo hasta por fin llegar a su nueva morada. Se cumple, pues, la maldición que Julián tanto temía.
Julián se entrega a la pena y a la expiación de su crimen. Se destierra del mundo de los hombres y es ahí cuando comienza a amarlo y a anhelarlo. Hombre de acción, va buscando en la acción una respuesta para su dolor. Por fin llega al paso de un río que está en pésimas condiciones. Decide arreglarlo y dar servicio a las gentes que necesiten cruzar el río. Una noche tormentosa se aparece en la otra orilla un extraño personaje que solicita sus servicios. La ambigüedad del personaje y el horror que emana de la noche y de su figura no amedrentan a Julián. Finalmente el desenlace es un proceso de transformación, pues Julián, al haber tocado y atravesado la máxima oscuridad entra en la luz, representada aquí por Jesucristo.
